viernes, 24 de septiembre de 2021

4) Nevers y Decize, dos joyitas

Fuimos al Loira con el soniquete de los famosos castillos del ídem, que en realidad son enormes complejos palaciegos, pero ninguno se encontraba en nuestra ruta e íbamos sin coche de apoyo. Por el contrario, descubrimos a la para nosotros desconocida Nevers, una ciudad medieval con importantes edificios históricos bien conservados. Y también Decize, igualmente muy atractiva, y algo menos Digoin.

Canal de Briare, nuestro punto de partida

A Nevers llegamos a mitad del viaje en barco, más o menos, aprovechando el bloqueo del canal por un árbol que ya hemos relatado. En otras palabras, que puestos a ser bloqueados, fue el día adecuado ya que teníamos idea de dedicarle la jornada a esta villa.

Espectacular Palacio Ducal



Al tratarse de una ciudad de unos 38.000 habitantes, recorrerla no planteó problema alguno, especialmente al llegar en taxi y no tener que buscar aparcamiento. Además, los taxistas nos dejaron junto a la iglesia de Saint-Etienne, en uno de los extremos del recorrido turístico que tienen diseñado y que puede seguirse por la raya azul pintada en el suelo a lo largo del centro histórico, o casi.

Panorámica de Nevers con la catedral

Visitar la iglesia de Saint-Etienne recién desembarcados en la ciudad impresiona por su grandiosidad y, sabiendo que existe una catedral, te hace pensar en cómo será el templo principal. 


Se trata de una iglesia románica construida en la segunda mitad del siglo XI. Una sencilla cuenta permite constatar que en unas pocas décadas les tocará celebrar el milenario del templo.

Catedral de Nevers, siglos XI-XIV

Pero la catedral juega en otra liga, como se aprecia en la fotografía que encabeza estas líneas. Es un soberbio edificio, con el nombre oficial de Basílica de San Quirico y (su madre) Santa Julieta. Mantiene restos románicos y otra parte del tempo es de estilo gótico del siglo XIV.


Aunque luce unas hermosas vidrieras, ha sido destruida dos veces y otras tantas reconstruida. En el caso de las vidrieras su diseño, relativamente reciente, choca un poco con el conjunto, tal vez excesivamente modernas.


La última batalla de la catedral fue en el verano de 1944 durante la liberación de Francia de los nazis, cuando fue bombardeada por error por los aliados, concretamente la RAF británica. En el ábside se muestra una exposición fotográfica de los daños del raid aéreo, que fueron importantes pero centrados principalmente en la techumbre.





Y paseando por la ciudad encuentras numerosos edificios históricos, la mayoría identificados y fechados, que convierten el recorrido en un placer.


Conscientes de que se trataba de una visita de unas pocas horas, e ignorando por tanto detalles concretos, seguimos nuestro callejeo sin rumbo tranquilos pero atentos.


Y junto a los edificios históricos, modernidades como esta fuente.


El agua le impide apoyarse en la base de piedra y está constantemente girando. Una chulada, aunque se aprecia mejor en el video que sigue.


No fue difícil encontrar un lugar para bien comer ya que una de las taxistas nos ahorró el esfuerzo. Nos explicó que Puits era el mejor restaurante con diferencia y que convenía reservar, cosa que hicimos a primera hora al encontrárnoslo durante nuestro recorrido turístico. 


Y allende la una del mediodía, siguiendo las costumbres horarias europeas que tan poco nos agradan, allí estábamos. Fue la hora más tardía que nos autorizaron.


Un par de delicatessen ejemplo de lo que tomamos. Había un menú de la casa consistente en un plato de la carta, más postre y vino de la casa, que sumados algunos cafés y varias cervezas nos puso la comida en algo menos de 30 euros persona, precio razonable en este establecimiento.


Tras ello hicimos algo de compra en un súper y contratamos un taxi para que un par de voluntarias del grupo la llevaran al barco.


El resto elegimos volver paseando los 11 kilómetros que nos separaban de nuestros barcos, para lo cual cruzamos el Loira y salimos de la ciudad.


La segunda mitad del camino discurre precisamente junto al canal del Loira, lo que hizo el paseo más agradable y menos agobiante ya que el sol lucía con fuerza.


Un pueblo muy pequeño pero que resultó agradable fue Fleury sur Loire cuya iglesia aparece en la foto de arriba. Como en casi todos había panadería aprovechábamos, como en este, para aprovisionarnos de ricas baguettes.

El magnífico ayuntamiento de Decize

Un día después, llegábamos al caer la tarde a  Decize, un pueblito de unos 6.000 habitantes que en realidad es una islita ya que el Loira se bifurca entre el viejo Loira y el río propiamente dicho, encerrando en medio a la población. Como ya era un poco tarde, nos tocó hacer la visita de noche, pero resultó muy agradable, ya que la temperatura era suave y el pueblo merecía la pena.

Torre del reloj, justo delante del Ayuntamiento


La belleza del pueblo nos llevó a alargar el paseo para disfrutar de sus calles y, como no, de sus puentes, vitales para poder acceder a esta villa. Tenía también un puerto muy coqueto en el que había que pagar, pero nos pareció muy cómodo y allí pasamos la noche tan ricamente. 


Una tarde con muy buen tiempo llegamos a un pequeño puerto bastante animado. Saltamos de los barcos y nos pusimos rumbo al centro del pueblo, de nombre Beaulon, donde teníamos la esperanza (vana) de encontrar un restaurante para cenar estupendamente. 


Vimos un restaurante en la plaza, cerca de la iglesia, pero estaba cerrado aunque tenía buena pinta. Lástima.


Preguntamos y nos remitían a otro pueblo, Dompierre, a unos 12 kilómetros. Con lo cual acabamos recurriendo a la panadería para completar las viandas que teníamos en los barcos e improvisamos una cena de lo más apañada.

De vuelta al canal, este señor, con una casa de lo más friki llena de "detallitos" de dudoso gusto, nos saludó efusivamente.


Y cumpliendo el plan previsto, a media tarde del viernes 24 de septiembre llegábamos a Digoin. De esta forma garantizábamos la entrega de los barcos a primera hora de la mañana del día siguiente.


El puerto es un lugar amplio y con numerosos barcos atracados.


De allí salimos para conocer Digoin, que ni  mucho menos tiene el interés de Nevers ni tampoco Decize, pero resultó una villa agradable y con una iglesia espectacular.


Puente acueducto por el que llegamos a Digoin



Tuvimos tiempo de recorrer Digoin, de buscar donde cenar y de hacernos las últimas fotos antes de salir por la mañana hacia Lyon, última etapa del viaje.


Aquí ya, sí, le dijimos adiós al Loira tras esta agradable semana que nos permitió recuperar nuestro apetito viajero tras la pandemia, con la idea de que sea el primero de muchos viajes en la nueva etapa.



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